martes, 23 de agosto de 2005

Eternos

Eternos. Los días son eternos en el desierto. Una miríada de ocres, amarillos, dorados que siempre le planta cara al sol y no conoce descanso. Un eterno umbral de resistencia, una eterna sensación embriagadora y seca de lámparas que nunca se apagan, de voces que nunca están lo suficientemente cerca, de arenas que siempre pasan de largo. La voz del desierto restalla en el silencio como los implacables rayos de sol se abren paso por el azul del cielo: de forma invisible pero inevitable.

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