miércoles, 16 de febrero de 2011

Noche

Reposar inquieta en la cama alumbrada tan sólo por la oscuridad de una noche tan desolada como la anterior.

Yacer con un zumbido permanente de pensamientos indeseados rondando la respiración.

Intentar mecerse con las risas y conversaciones de una familia desenfadada al otro lado del tabique.

Cuando no se puede anhelar un amor que no se conoce,
una infancia que no se tuvo,
unas caricias que nunca me rozaron.

Cuando las risas son entre otros,
las miradas radiantes son entre otros
y la dulzura transcurre en otros cuerpos.

Cuando ya se han recorrido años suficientes como para que la responsabilidad recaiga sobre nadie más que mí.
Cuando ya no queda nadie a quién reclamar ni se encuentra el sentido para pedirle a quien ni te dio ni ya te puede dar.
Cuando no queda más opción que seguir arreando un dolor del que ya estás harta o poner un pie delante de otro y volver a caminar.

¿Qué me queda dentro después de tantas tormentas de arena en mi desierto?

¿Es la fortaleza sin principio ni final?
¿Alguna esperanza oculta entre las dunas?
¿Alguna sonrisa que alguien dejó olvidada al pasar?
¿O es la vida nada más?
Puro y salvaje deseo de vivir y de amar.

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