viernes, 11 de febrero de 2011

Utopía

Si volviera a nacer, elegiría un lugar en el que las mujeres pudieran gritar al dar a luz sin temor a parecer grotescas, burdas o casi animales.
Un lugar en el que cada vida nueva comenzara en medio de un ritual de cantos, danzas y catarsis compartidas.

Si volviera a nacer, elegiría una tierra en el que las matronas, los médicos, las enfermeras, supieran medir el ritmo del bebé con la palma de la mano y observaran a la madre, en vez de a un monitor, para saber que ha llegado el momento de ayudarla a despojarse de una parte de sus entrañas.

Si volviera a nacer, elegiría un pueblo en el que las madres se sintieran orgullosas de sus cuerpos cambiantes albergando una vida que las escogió para aprender a caminar.

Si volviera a nacer, elegiría un mundo en el que los hombres no se sientan amenazados por un bebé indefenso y vulnerable.
En el que la crianza se considerara una actividad esencial, sutil y permanente, que las mujeres ejercen y los hombres protegen.

Si volviera a nacer, elegiría un idioma en el que cada día se crearan nuevas palabras para describir sentimientos, emociones y aromas.

Si volviera a nacer, regaría la tierra con la leche de mis senos y dormiría cada noche junto a mi bebé para aprender a respirar como sólo los ángeles saben hacerlo.

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