jueves, 15 de marzo de 2012

Svetta Moshtar [0]

Svetta Moshtar es otro experimento que por fin me he decidido a poner en marcha, no sin cierto pudor.
Svetta es una niña de doce años que apareció entre mis dedos hace ya muchos años, puede que hace más de un decenio, no lo recuerdo.
Es una niña con mucha paciencia que lleva esperando todo este tiempo a que escriba su historia, una pequeña historia que tiene lugar en una ciudad bombardeada. No sé por qué acudió a mí, ni por qué sigue empeñada en que sea yo quien la cuente, pero creo que vale la pena arriesgarme por ella y por su perseverancia.
No sé en qué se convertirá ni hasta dónde me atreveré a llegar. Por ahora, tengo ocho páginas escritas y un esquema de personajes y anécdotas que podrían dar lugar a un cuento de varias decenas de páginas.
Iré publicando poco a poco lo que ya tengo y luego haré acopio de todo mi valor para poder seguir adelante.
Espero que os guste; como siempre, vuestros comentarios son una fuente invaluable de apoyo.


SVETTA MOSHTAR

A Svetta le gusta caminar entre los escombros, especialmente los días de niebla. En esta ciudad sitiada, en un valle rodeado de francotiradores que juegan a disparar a todo aquello que se mueva por las calles, la niebla es el mejor escudo.

Los días en que las nubes bajan a tropezar con el suelo, los habitantes se asoman por detrás de los muros, salen de las grietas, aparecen tras puertas quejumbrosas, surgen de hoyos tapados con chapas y ramas de árboles caídos. Indican con la mano a los que les siguen que por unas horas no habrá peligro, que la niebla es espesa y lo cubre todo, que los francotiradores aún no disponen de ametralladoras que puedan localizarlos en mediode una nube a ras de tierra.

En esos momentos mágicos, Svetta camina por las calles sumida en la oscuridad blanca que la envuelve, con la sola preocupación de no caer en ningún agujero. Camina despacio, a tientas, con el rumbo perdido y el alma volátil del instante atesorado, engalanada con los zapatitos rojos que consiguió recuperar de los restos de su habitación. La casa voló por los aires mientras racimos de bombas destrozaban cuadras enteras de esfuerzos y sueños. Una sola pulsación en la cabina de un piloto desconocido bastó para arrasar presentes, pasados y futuros.

En ese momento de fatalidad, se resguardaba en el sótano de la casa de una amiga del colegio con la que fue a pasar la noche. Se encontraba en el lado sur de la ciudad, una zona de huertas y fincas que no resultaba atractiva para el servicio de inteligencia del país que los atacaba. O quizás no fuera gente de otro país; quizás fueran enemigos del propio bando que decidieron acordarse de tiempos antiguos y vengar la muerte de antepasados que yacían en tumbas y ya no sentían rencor. No sabe con certeza quién los ataca, pero a veces en la palabras que el eco trae de las colinas o en la boca de algunas sombras escondidas logra reconocer nombres similares al suyo, de su tierra, de una ciudad múltiple que antes fluía y ahora se reorganiza en bloques incomprensibles. ¿Por qué el tendero de su barrio dejó de saludarla y comenzó a vestirse y hablar diferente, hasta que un día desapareció, dicen que en dirección a las montañas?

7 comentarios:

  1. Tienes que seguir contándonos la historia de Svetta, sus vivencias son un testimonio inocente de los horrores de la guerra que el mundo debe conocer. Estremecedora esa imagen de la niña caminando entre la niebla y los escombros del odio.
    Un abrazo y hasta dentro de dos semanas.

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    1. Seguiré haciéndolo, Mercedes. Se lo debo a Svetta por todos los años que ha estado esperando a que me decida. Un abrazo.

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  2. En Argentina van a conocer a Svetta, y también van apoyar a quien lleva sus vivencias. ¡Adelante!

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  3. Nunca habría pensado que la oscuridad blanca sirviera de protección para poder caminar por las calles con libertad. Desde siempre la niebla nos la han colocado en escenarios foscos y algo lúgubres. Me encanta la idea de aliarnos con la niebla y con Svetta.

    Por otro lado, me imagino la belleza del valle sirviendo de callejón sin salida de sus moradores...

    Seguiremos su rastro, Gracias Carmen, Siempre.

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  4. Bien, pues seguiremos la estela que Svetta no deje.

    Besitos

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