viernes, 8 de abril de 2011

Hasta que la muerte nos separe

Juraron que se querrían toda la vida.
Al salir de la iglesia, ella parpadeó cegada por el sol y él bajó la cabeza buscando la cruz blanca que su amante dibujó en el suelo durante la ceremonia. Repasaron los cálculos durante varias tardes. Si ella resbalaba justo en ese punto y caía de espaldas, se habría desnucado al llegar al final de la escalinata.

3 comentarios:

  1. Uy, qué barbaridad de relato, Carmen. Te enlazo ipso facto.
    Abrazos,
    PABLO GONZ

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  2. Me alegra que te haya gustado, Pablo. Un abrazo.

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  3. Para toda la vida... pero cómo es posible asumir eso?

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