domingo, 30 de octubre de 2011

La mitad de Óscar

Manuel Martín Cuenca (España, 2011)

Esta es una película que disgustará a muchos, pero es realmente valiente y muy personal.
Valiente porque se aparta por completo de lo que el público general, incluso parte del "entendido", espera encontrar en una película.
No tiene banda sonora, o mejor dicho, tiene una banda sonora muy peculiar: el sonido de la vida misma que rodea al protagonista, un vigilante que pasa el día solo custodiando una salina abandonada en Almería.
Pero la soledad, a veces, tiene mucho ruido, como el del viento que sopla en el vacío de la salina y arremete contra el metal de las máquinas oxidadas, como el de los recuerdos indecibles del protagonista que calla y calla y calla... por una poderosa razón que el director nos desvela justo al final.

La película, según nos cuentan, está hecha en cinemascope para subrayar esa sensación de inmensidad vacía en la que vive el personaje principal. Y la cámara no sólo se preocupa por dar cuenta de una fotografía asombrosa, sino que también se esmera por captar los sonidos del ambiente, a menudo fuera de la imagen visible, pero igual de fundamentales para el desarrollo de la historia. La cámara filma como percibimos los seres humanos: pendientes tanto de lo que vemos como de lo que oímos llegar a nuestras espaldas.
Por eso, no es de extrañar que, en un momento dado, la pantalla se quede a oscuras y permanezca así durante cerca de un minuto. No puedo dejar de admirar a un director con el valor suficiente para dejarnos a oscuras en un arte que suele entenderse como visual.

La película es lenta hasta rallar la desesperación. El protagonista hace su papel; la hermana, no tanto a mi modo de ver. Pero ambos callan y callan y siguen callando... y la película transcurre sin que entendamos qué es lo que tenemos que entender, qué es lo que nos están contando.

Sin embargo, el final justifica por completo el silencio de hermano y hermana. Que el final se haya mostrado con mayor o menor acierto puede ser discutible. Pero no es discutible el hecho de que la realidad de estos dos personajes exige un silencio vital que nada podrá romper.

En resumen, no sé si me gusta o no me gusta la película, pero admiro al director por su valentía y aplaudo tanto su acierto en mostrarnos sin palabras la realidad de los dos hermanos como el hecho de considerar al cine tanto un arte visual como acústico.

4 comentarios:

  1. Las películas lentas me ponen nerviosa, no soy buena espectadora, sin embargo me ha picado la curiosidad y no me importaría ver "La mitad de Oscar".
    Gracias por traernos cultura.
    Feliz semana.

    ResponderEliminar
  2. A pesar de que me considero buena aficionadda al cine, no había oído hablar de esta pelí, la buscaré...

    Gracias

    ResponderEliminar
  3. Mercedes:
    Pues esta es lenta "in extremis". Sácatela en vídeo y, cuando veas que se van a pasear al campo, aprieta el botón de rebobinado para adelante... :-) Que conste que a mí me gustan las pelis lentas, pero no quiero que termines desesperada... También te puedo contar el final en un correo, si es por eso :-)

    ResponderEliminar
  4. Elysa:
    Me alegra oír que eres aficionada al cine. Entonces, me encantará leer tus comentarios.
    Esta peli está recién sacada del horno, como quien dice; será por eso que no aún no habías oído hablar de ella.

    ResponderEliminar