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Mostrando las entradas etiquetadas como Viajes: Argentina

V: Argentina en el corazón

Se acabó el viaje, la aventura, los despertares en movimiento, el clima totalmente impredecible de la otra parte del mundo, el amanecer una mañana y descubrir de repente que el país está en crisis (ministro de economía depuesto, subida del dólar, aerolíneas en quiebra y alerta meteorológica), la curiosidad de los argentinos por saber si el resto de sus compatriotas me ha tratado bien durante mi estancia, los descubrimientos de nuevas palabras y significados, montar en un taxi como quien participa en un rally, pasear por Buenos Aires de noche y aspirar profundo el aire del hemisferio sur que ya no respiro. Se me cayeron las lágrimas varias veces, claro. Pero la ternura ajena vino a rescatarme y se quedó a mi lado para acompañarme hasta el último momento, llenando lo que prometían ser lágrimas con un sinfín de risas, chistes y bromas sobre supuestos gallegos brutos y argentinos egocéntricos. Llegué a Madrid hace un día y qué os puedo decir. Que tengo ganas de veros a todos, que os ve...

IV: Patagonia interminable

Por dónde podría empezar... Desde cualquier lado la Patagonia es interminable. Y mira que me avisaron. Pero hasta que no llegué y parecía que seguía llegando y, diez horas más tarde, seguía sin acabar de llegar... Hasta que no pasé varias noches de ómnibus en las que, hora tras hora, entre sueño y sueño, no veía más que una carretera infinitamente recta por la que apenas circulan unos pocos camiones, y a ambos lados, una eternidad de nada, absolutamente de nada: unos pocos matorrales que no pasan de la altura del tobillo, que de recios y sufridos tienen un tacto parecido al plástico duro; un horizonte inacabable de 360º; una planicie que te rodea y, mires adonde mires, esa sensación de que el planeta se acaba en el horizonte que está por llegar y nunca llega; y el ómnibus como un extraño ser que se desliza por ese paisaje de tierra, por ese cielo estrellado y oscuro aún más amplio que el horizonte, ese cielo más benigno que la aridez del suelo, que de noche te regala el nacimiento de ...

Terceras minicrónicas desde Puerto Madryn

Esta vez no tengo nada emocionante que contarles, pero quería enviarles un recordatorio antes de proseguir viaje hacia Ushuaia, la mítica ciudad más austral del planeta. Lo último que saben de mí es que iba rumbo a las cataratas del Iguazú, efectivamente tan impresionantes como todos suponemos. (¿Saben que hay un pájaro que vive justo debajo del torrente de agua de la Garganta del Diablo, la más espectacular de las caídas de agua? El vencejo se pasea entre la espuma y los torrentes como si estuviera recorriendo los tranquilos campos de Castilla. Insólito.) Tras ver las cataratas salí pitando de allí porque, tras el enamoramiento de las áridas tierras del norte, la exuberancia tropical de Iguazú me exasperaba bastante. De allá, volví a Corrientes a visitar a los padres de Silvana, que me recibieron con abrazos y me llevaron al campo a comer asado. Y no, no se crean que es lo mismo ir al campo acá que en España; acá te puedes encontrar un cocodrilo paseándose por tus tierras... De ...

Segunda entrega desde el norte

Salta la Linda, la llaman. La ciudad en la que me encuentro ahora; haciendo tiempo para subirme mañana al autobús que me llevará a Corrientes (14 horas de viaje), y de allí a las Cataratas de Iguazú. De los 4.000 metros de altitud en los que he vivido durante los últimos quince días a las tremendas corrientes de agua que parecen caer hasta las entrañas de la tierra. Este correo quiere ser, en realidad, una oda a Iruya. Ustedes ya saben que estaba fascinada con Iruya, que un martes en Buenos Aires me hice el propósito de intentar estar el fin de semana en Iruya. No sabía si lo podría conseguir. No sabía si era posible. (No se imaginan la de colectivos a los que he subido y de los que me he bajado; paisajes que sólo he podido tocar con la retina; gentes que se han sentado a mi lado y me han mirado, hablado, contado; su olor de aldea perdida entre los cerros mezclándose con la piel de mi brazo mientras el colectivo nos bambolea a todos por igual,...). Pero no sé por qué extraña razón qu...

Primeras crónicas desde Buenos Aires

...los apodé la Lista de Lectores Obligados... a ustedes (sí, ya me he argentinizado, un poquito al menos: era necesario).. cada cierto tiempo, según se me cruza la neurona, voy y les escribo cómo me van las cosas, no se vayan a olvidar de mí y acabe sin estar ni allá ni acá. Y aquí va la primera crónica porque dentro de unas pocas horas, si todo sale bien, me voy para el norte. El "si todo sale bien" quiere decir si la del lavadero me devuelve la ropa y si quedan pasajes para el crucero en autobús a través de la pampa argentina. Sí, ya sé que allá se dice "billetes de autobús", y así se lo dije a la portera: no me entendió, pensó que hablaba de comprar billetes, o sea, cambiar euros por pesos; acá los billetes son sólo moneda. Todo fue bien; llegué siguiendo las instrucciones de Silvana al pie de la letra y todo funcionó como un abracadabra: conseguí pesos (que no cotizan y por eso no hay manera de encontrarlos en toda España), alquilé un remís que me llevara a c...

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