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Mostrando las entradas etiquetadas como Svetta Moshtar

Svetta Moshtar (4)

Lo más llamativo de Bruno es la combinación de altura y delgadez extremas. Visto desde la perspectiva de una niña de un metro veinte, viene a ser algo así como un gigante enjuto ataviado con unos largos pantalones a cuadros, anchos y rotos, y una camisa descolorida que, no importa la talla, siempre le quedará grande. Ante la mirada mitad ausente y mitad rabiosa de la niña, Bruno se preguntó si quizás había cambiado tanto; si la barba de varias semanas o el pelo largo impedirían reconocerlo; si el polvo gris de las ciudades bombardeadas se habría incrustado tanto en las arrugas de la cara y las uñas como para haberlo convertido en otro rostro. La niña, de hecho, no lo reconoció. La luz del sol, que se levantaba justo por detrás del recién llegado, le impedía ver algo más que una sombra larga y arrugada sosteniendo una bicicleta entre las manos. Si Bruno hubiera tenido el tamaño de una persona común, lo hubiera increpado con desprecio, pero la extravagancia de la silueta le provocó u...

Svetta Moshtar (3)

Svetta, la nena desprotegida que mantuvo la esperanza durante largos días de incertidumbre y extrañeza, se derrumbó. Se sentó entre los ladrillos, acercó las rodillas al pecho, hundió la cabeza entre las piernas y se abrazó a la soledad que la acompañaba. Sollozó durante horas, lentamente, con una cadencia desconcertante que albergaba la belleza de la tristeza pura, del perder todo sin saber muy bien qué es ese todo, sin que la corta edad y la inocencia la dejaran comprender el desarraigo, el abandono o la vulnerabilidad a la que estaba expuesta. Aún en medio de la desolación total, era una imagen dolorosa. Bruno, el panadero, escuchó los sollozos al pasar por la calle. Era común oír llantos solitarios en medio de las piedras, pero este sonido le atrajo de una forma especial. Antes de escalar los escombros con la bicicleta al hombro, miró a ambos lados de la calle, se esforzó por recordar y reconoció la casa derruida a la que estaba entrando. Era la casa de los Moshtar: un padre que ...

Svetta Moshtar (2)

Los bombardeos nocturnos no duraron más de una semana, pero fueron suficientes para que la gente aprendiera una nueva forma de caminar: corrían agachados y escurridizos, dubitativos en las esquinas y pegados a los muros, a las farolas que quedaban en pie, a cualquier superficie. Se deslizaban por los contornos del terreno con sigilo, evitando pisar algo que pudiera crujir o golpear contra una piedra diminuta. Ya no solo empleaban los ojos para moverse; desarrollaron el oído, el olfato y la tensión muscular propia de los seres que viven al acecho. Las vestimentas se volvieron grises; los cabellos se volvieron negros. Svetta veía cómo esas sombras golpeaban inaudiblemente en la oscuridad de puertas y paredes rotas. Una extraña música casi imperceptible de golpes acordados, una desconocida variedad de ritmos totalmente personal e intransferible. Cuando se cansaba de intentar reconocer alguna piedra que le indicara el camino, caía al suelo tras un cascote y escuchaba esta nueva música ex...

Svetta Moshtar [1]

Esa noche vio caer bombas durante horas. A la mañana siguiente, mientras la radio zumbaba dando a entender que el centro de telecomunicaciones ya no existía, emprendió el camino de vuelta a casa. No reconocía las calles, las indicaciones habían desaparecido y no quedaban escaparates que le sirvieran de referencia. En su lugar, había cascotes, piedras, pedazos de ropa, listones de madera y algún que otro cuerpo tendido en el suelo en una posición imposible. A ratos, aparecían rostros con una expresión perpleja, cuerpos ataviados fuera de contexto con la ropa de la noche anterior que dudaban por dónde pisar, si moverse o quedarse quietos, si comenzar a gritar y dar rienda suelta al desconcierto o taparse la boca abierta en un intento de mantener el carácter y la certeza. Ella seguía siendo la niña que se fue a jugar con una amiga y se despidió de sus padres y su hermano a media tarde; era solo que la ciudad había enloquecido; todo volvería a ser lo que era cuando encontrara la casa y su ...

Svetta Moshtar [0]

Svetta Moshtar es otro experimento que por fin me he decidido a poner en marcha, no sin cierto pudor. Svetta es una niña de doce años que apareció entre mis dedos hace ya muchos años, puede que hace más de un decenio, no lo recuerdo. Es una niña con mucha paciencia que lleva esperando todo este tiempo a que escriba su historia, una pequeña historia que tiene lugar en una ciudad bombardeada. No sé por qué acudió a mí, ni por qué sigue empeñada en que sea yo quien la cuente, pero creo que vale la pena arriesgarme por ella y por su perseverancia. No sé en qué se convertirá ni hasta dónde me atreveré a llegar. Por ahora, tengo ocho páginas escritas y un esquema de personajes y anécdotas que podrían dar lugar a un cuento de varias decenas de páginas. Iré publicando poco a poco lo que ya tengo y luego haré acopio de todo mi valor para poder seguir adelante. Espero que os guste; como siempre, vuestros comentarios son una fuente invaluable de apoyo. SVETTA MOSHTAR A Svetta le ...

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